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No hay tiempo para el miedo


A propósito de la reciente visita a la ciudad de Matanzas de Andrés Gómez, coordinador de la Brigada Antonio Maceo, aquí una entrevista exclusiva con este periodista cubano residente en Miami, delegado al reciente X Coloquio Internacional de Solidaridad con los Cinco y director de la revista Areíto.

¿Cómo definir a la Brigada Antonio Maceo?
Es un organismo político, compuesto por cubanos radicados en Estados Unidos; una organización de izquierda definida, agredida, que ha tenido que desarrollarse en un ambiente hostil; que ha debido vivir parte de su existencia en la clandestinidad.
¿Cómo entra Andrés Gómez a formar parte de la Brigada?
Yo fui uno de sus fundadores. La Brigada nace en nuestro primer viaje a Cuba, en un “contingente”, como se le llamaba, en diciembre de 1977; este año se cumple el 37 aniversario. Éramos 55 compañeros; de ahí el nombre “55 hermanos” del documental que reflejó aquel acontecimiento.
Era todo un fenómeno: fuimos los primeros, desde 1959, en regresar, invitados oficialmente por el Gobierno cubano. Muchos de los emigrantes después del 1º de Enero se habían sumado a la contrarrevolución, pero nosotros habíamos salido del país como menores de edad con nuestras familias, o sea, no teníamos pasado político en contra del proceso. En esa ocasión realizamos una gira nacional impresionante y hubo mucho interés y entendimiento por parte de la población.
En mi caso, había estado 17 años sin venir, desde mi salida en noviembre de 1960, con 13 de edad. En ese tiempo emigraron 125 mil cubanos, tantos como en el Mariel, y la mayoría de un mismo estatus social. No todos tenían el objetivo de quedarse allá, pero se sentían amenazados por la lucha de clases real. Los americanos iban a invadir -y de hecho lo hicieron en abril de 1961- y mi familia decidió no estar aquí cuando la guerra viniera; no se sabía lo que iba a pasar. Sin embargo, lo que pasó fue lo mejor que podía haber pasado.
Durante las dos primeras décadas ningún cubano podía entrar; Cuba estaba completamente aislada; las relaciones entre Estados Unidos y la Isla no existían. Las familias se olvidaron unas de otras, se desvincularon de manera absoluta. Una llamada telefónica o un correo, era imposible. Hablar de la posibilidad de viajar aquí era soñar con ir al planeta Neptuno. Por eso regresé en el primer viaje posible, que fue la Brigada Antonio Maceo.
Después seguimos trabajando, hasta que nos mataron a Carlitos, en el 79 . ¿Y cómo me iba a retirar, si los asesinos están ahí, impunes? No podía retirarme, sería una traición, al menos como yo lo entiendo.
Además, aprendí de la Historia, del compromiso del pueblo cubano por sus libertades y eso me nutrió. La gente me dice: “¿y tú no tienes miedo?”, pero simplemente no hay tiempo para el miedo. Así asumí mis responsabilidades de forma activa con mis compañeros y compañeras, y para mí ha sido un privilegio extraordinario dirigir la Brigada Antonio Maceo.
La Brigada se une a otras organizaciones de la emigración cubana en Estados Unidos para conformar la Alianza Martiana. ¿Qué papel han desempeñado estos grupos como defensores del caso de los Cinco?
Nosotros tenemos años de experiencia denunciando el terrorismo, ya sea a través de diferentes actividades públicas o de Areíto. Cuando estos muchachos fueron encontrados culpables en junio de 2001, realizamos en Miami las primeras acciones exigiendo su libertad. A partir de entonces incluimos en nuestras campañas el trabajo constante a favor de los Cinco, quienes son luchadores antiterroristas.
Posteriormente surge en Estados Unidos el Comité Nacional a favor de los Cinco, del cual también somos parte, y después, el Comité Internacional. Ambos coordinan el movimiento por la causa en ese territorio.
Nosotros colaboramos con las dos organizaciones indistintamente, pero tenemos nuestra propia campaña, porque residimos en una urbe principal en términos políticos e ideológicos. Dos tercios de la comunidad cubana en ese país radican en el estado de la Florida; en Miami viven más de 600 mil cubanos y descendientes de cubanos.
Anualmente asistimos a las dos últimas jornadas de Cinco por los Cinco en Washington. También realizamos caravanas de automóviles, que recorren unos cincuenta kilómetros de la ciudad con carteles, banderas, luces prendidas y tocando los cláxones, para exigir la libertad de estos jóvenes y reclamar al Gobierno estadounidense el enjuiciamiento de los terroristas que allí viven libremente pese a sus crímenes. Cada tres meses, ofrecemos conferencias públicas en céntricos hoteles. Y ahora, en el X Coloquio en La Habana tuvimos una delegación de 18 compañeros, la mayor de cualquier lugar fuera de Cuba.
Desarrollar estas actividades requirió dos décadas de esfuerzos; es un espacio que no podemos abandonar. Lo que ha logrado la Brigada Antonio Maceo durante 37 años de trabajo, ha sido ganado paso a paso, gota a gota de la derecha. A esa extrema derecha, compuesta por muchos terroristas, lo único que le queda en el mundo es Miami; ellos lo defienden pero nosotros se lo ganamos.
Parece increíble porque somos pocos en comparación con el tamaño de la comunidad cubana, pero hemos puesto más gente en la calle en los últimos años que ellos. Las manifestaciones públicas son a riesgo de que cualquiera pueda pasar y disparar; sin embargo, todo este tiempo lo hemos hecho así y seguiremos haciéndolo; es un trabajo a la vez duro e impostergable.
Usted refirió en una reciente entrevista que “Luchar por la libertad de los cinco cubanos antiterroristas presos en Estados Unidos es hacerlo contra la política de terrorismo de Washington hacia la Isla.” ¿Cree que alguna vez, en próximas administraciones estadounidenses, disminuya esa hostilidad hacia el pueblo cubano?
Claro, chica. Aunque en estos momentos no hay voluntad evidente de la administración de Obama por mejorar las relaciones con Cuba, yo supongo que en algún momento se tendrá que realizar una revisión de política.
Personajes muy importantes en la política y la economía de Estados Unidos, incluyendo el sector privado cubano radicado allí, han hecho público su respaldo al cese del bloqueo; eso es cada vez más general. La posibilidad de negocios en Cuba y con Cuba tienta a esos individuos a pedir el levantamiento de las sanciones, buscando esencialmente el beneficio financiero.
Descríbame su opinión sobre las diferentes posiciones políticas manifestadas en Miami.
Entre la emigración existen personas que no viajan a la Isla porque no les interesa, no tienen nada que buscar; y también gente de la extrema derecha que se consideran exilados y no quieren regresar. Estos últimos son incompatibles políticamente con la Revolución.
El gobierno de los Estados Unidos ha estado financiando abiertamente con millones y millones de dólares a la contrarrevolución. Es un gran negocio, al que se unen muchos para “coger billete”; es igual en Cuba con las Damas de Blanco y otros disidentes. Sin embargo, esa extrema derecha, encabezada por la Fundación Nacional Cubano Americana, ha perdido el auge que tuvo en la década de 1990.
¿Cómo la emigración cubana puede hacerse escuchar por el Gobierno?
Por un lado, la participación ciudadana de la comunidad cubana en las elecciones locales es muy baja, alrededor del 10%. Por otro, los políticos de la derecha la controlan por distritos. ¿Por qué? Porque tienen dinero y pueden montar grandes campañas, inducir el voto de los individuos que le debe favores y manejar la distribución del financiamiento de la asistencia social. Así pueden manipular la votación, sin hacer trampa necesariamente.
Además, de acuerdo con el Censo de 2010, los que salieron de 1960 a 1980 representan solo el 20%; de ellos el 90% son ciudadanos, eso quiere decir que tienen el derecho al voto.
Entonces, 8 de cada 10 cubanos que viven en Estados Unidos salieron desde esa última década hasta hoy. El 60% de los que llegaron entre 1980 y 1990 son ciudadanos y solamente el 16% de los que salieron de 1991 al presente lo son. O sea, votan mucho menos.
En la medida que la situación política y económica los afecte; en la medida que vean la posibilidad de otro Gobierno republicano que les impida viajar a Cuba -como la anterior administración de Bush y sus medidas criminales- entonces se motivarán a buscar la ciudadanía, para poder votar en contra de quien les impida ejercer sus derechos.
Hablemos ahora un poco de su Periodismo. Referirse a un periodista cubano residente en Miami y que representa a una emigración más conciliadora, defensor de muchos puntos de vista de la Revolución cubana, pudiera resultar contradictorio. ¿Cómo llegó Andrés Gómez a esta posición política, que demanda tanto compromiso e integridad?
¡Eso es un libro! Fundamentalmente, porque tomé conciencia y decidí ser consecuente con esa toma de conciencia. Y aquí estoy.
¿Qué puntos tiene de cercanía o distancia con Luis Ortega?
Luis Ortega fue un gran periodista, un maestro, que en tres párrafos decía todo lo necesario. Yo lo admiré mucho por su dominio absoluto del estilo y la técnica. También era muy valiente.
Provenía de una posición de derecha que después evolucionó hacia una postura antiimperialista respecto a Cuba. Nunca entendió la Revolución, pero defendió a su país de las pretensiones del imperialismo y fue muy efectivo.
Lo conocí, lo admiré como periodista y él me tenía mucho cariño. Pero ideológicamente no tenemos ningún punto de vista en común. Yo sí entiendo a la Revolución, él no pudo: salió perdiendo.
¿Los periodistas deben asumir una posición política de forma activa?
De hecho, la tienen en su trabajo, no es que deban asumirla. El periodista en Miami, si quiere seguir en la prensa, tiene que responder a la línea editorial del órgano, al dueño, a la empresa, aunque él piense diferente. Igual sucede hasta en el New York Times; ninguno es imparcial.
Nadie en el Periodismo lo es. Se puede ser más objetivo o menos, mejor o peor, pero nadie es neutral. Todos somos políticos, todos a favor o en contra. Es imposible sustraerse. Incluso el dueño de una empresa periodística ocupa una postura política para vender su periódico o expresar un punto de vista, ¿sino para qué va a tenerlo?
En el presente, la marea de información satura el pensamiento y es difícil encontrar la verdad entre tantos datos tergiversados y a veces totalmente falsos. ¿Qué consejos daría a los periodistas más jóvenes para encontrar el camino hacia la ética y la justeza en nuestra profesión?
¡Trabajen y estudien! Sigan investigando; no pueden creer lo primero que ven, sobre todo en Internet, donde hay un montón de cosas inexactas. Hay que averiguar, escarbar, revolver: la información existe pero no se pueden conformar con la primera o la segunda. La Red también se usa para mentir y confundir.
Además deben estudiar en otras fuentes, como los libros. Por ejemplo, en Cuba se están publicando libros de historia excelentes. Así se obtienen las bases de conocimientos para evaluar lo que se lee en otros sitios.
Dejé para el final la pregunta más indiscreta: ¿En algún momento ha tenido dudas sobre su compromiso?
Nunca. Una vez que lo asumí, nunca.

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