Cultura·Historias·Matanzas

Para durar toda la vida


Batidoras, automóviles, radios, refrigeradores, adornos, lavadoras, televisores, juguetes, obras de arte… son fantasmas acechando nuestras casas, persistiendo a pesar del tiempo implacable y del calor cubano. Son “rusos”, son “rudos” y fueron hechos “para durar toda una vida”.

Montaje: SoyCuba
Montaje: SoyCuba

¿Qué cubano no recuerda la ayuda proletaria y desinteresada que durante décadas nos brindó la Unión Soviética, cuando muchos países le dieron la espalda a la Revolución recién nacida y desnuda de recursos? Sin dudas, ese apoyo material y político contribuyó decisivamente a conquistar el destino de Cuba. Además, el bloqueo económico de Estados Unidos y el cese de relaciones con otras naciones imposibilitaba la adquisición de equipos y piezas para la producción, los servicios y el consumo personal.

Entonces, infinidad de electrodomésticos de factura soviética comenzaron a llegar, aliviando las necesidades y satisfacciones de los trabajadores cubanos. Eran productos bien elaborados, pensados para enfrentar años de explotación, con suficientes repuestos para asegurar su uso familiar por generaciones.

El objetivo era enfrentar el consumismo impuesto por el polo capitalista del planeta, que imbuía al público a comprar y comprar y comprar: “siempre lo más novedoso es lo mejor”, “si se rompe bótalo y olvídalo”. Los productos de la URSS ofrecían como contrapartida el cuidado del medio ambiente, la durabilidad y la resistencia. Todos sabemos lo que pasó con la URSS y el derrumbe del campo socialista.

Pero los equipos perduraron más que el sueño idealista que les dio vida, manteniéndose firmes como prometían. Y de hecho, aún están ahí. Basta con mirar las calles de Matanzas y Cuba para contar los Ladas y Moscovich que ruedan todavía, gracias a la inventiva de los mecánicos que fabrican las partes incluso de forma manual.

En las casas, los televisores en blanco y negro Krim 218 ya buscan sus cajas decodificadoras para actualizarse a la televisión digital, las muñecas Matrioska son parte de los juegos infantiles, y los motores de lavadoras Aurika son ahora eficientes ventiladores.

Ellos son amigos de la vida cubana. Es cierto que son de otra época, de una en la que se creía en guardar para nuestros hijos y no en demostrar el “tanto tienes tanto vales”. Pero yo, aunque no los conocí en su esplendor, quiero pensarlos como ventanas al pasado que, cuando se abren al viento, traen aroma a nostalgia y a ayer.

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