Internacional·Matanzas

Salud cubana desde el ombligo del mundo


Entre las dos mitades del mundo vive una doctora matancera. Salva vidas, se integra a una nueva cultura y siembra la semilla de la solidaridad cubana allí, lejos de la tierra que la vio nacer.

La doctora Annelise Grau defiende su compromiso con los pueblos de Cuba y Ecuador.
La doctora Annelise Grau defiende su compromiso con los pueblos de Cuba y Ecuador.

Annelise Grau Núñez es especialista de Primer Grado en Medicina General Integral (MGI) y en Higiene y Epidemiología. Desde el 29 de noviembre de 2013 se encuentra cumpliendo misión internacionalista en Ecuador.
Forma parte de un equipo con 24 integrantes de diferentes especialidades, entre ellos urólogos, fisiatras, MGI, gastroenterólogos, cirujanos y médicos físicos.
“Dentro de la brigada médica cubana en Quito, mi función es como Epidemióloga. Trabajo en la Coordinación Zonal de Salud número nueve, y atiendo específicamente las Estrategias de Prevención y Control, en el departamento de Vigilancia de la Salud Pública.
“En Ecuador, mi mayor responsabilidad es el Programa de enfermedades crónicas no transmisibles, en la Dirección Provincial de Salud de Pichincha.”
En el proceso de adaptación, uno de los obstáculos más difíciles de vencer fue el clima. “El frío de aquellos días de noviembre era muy duro, no cesaba en semanas.” Aunque geográficamente ese país está situado en la zona ecuatorial, en la ciudad de Quito, a 2 mil 850 metros de altitud, la temperatura anual alcanza un promedio de 12,8º Celsius.
La primera colaboración de Annelise fue en la República Bolivariana de Venezuela. Durante tres años, del 2003 al 2006, se desempeñó como médico de familia en la misión Barrio Adentro. Posteriormente, decidió repetir su experiencia y compartir los logros de la salud cubana con quienes habitan en el “ombligo” del planeta.
Nació en Matanzas el 27 de agosto de 1967 y trabaja en el Policlínico Samuel Fernández, en Playa. “De mi trabajo allí conservo muy lindos recuerdos, pues tengo unos compañeros espectaculares, con quienes estoy segura de poder contar siempre, como hasta ahora lo he hecho.”
“Quiero destacar fundamentalmente a mis niños de la campaña en la lucha contra el Aedes Aegypti: trabajan muchísimo para bajar los índices de infestación por este vector. Además, todos colaboran cada día para que el trabajo salga lo mejor posible; gracias a ellos llevamos adelante nuestros compromisos con el pueblo.”
Un día común allá en Quito comienza para ella a las seis de la mañana. Luego de un largo trayecto hasta su centro de labor, se enfrenta a ocho horas de intensa faena para cumplir las actividades programadas. Por ejemplo, debe monitorear el trabajo de los distritos en cuanto a enfermedades crónicas y atención al adulto mayor.
“De mi hermosa familia pudiera estar hablando todo un día. Los amo mucho. Constituyen mi apoyo ante todas las decisiones de mi carrera. Mi padre, junto a mi madre ya fallecida, se encargaron de cultivar los principios correctos que me permiten ser hoy lo que soy y quien soy.”
“No tengo hijos, pero sí sobrinos y ahijados que adoro con todo mi corazón. Ellos son la fuente de inspiración en el camino a recorrer en mi vida tanto personal como profesional.”
En el mes de diciembre, Annelise disfrutará de unas merecidas vacaciones, después de un año de sacrificios y entrega. Luego retornará a su misión, y allí permanecerá “mientras nuestro país necesite que esté en ella y el pueblo de Ecuador requiera de mi ayuda.”

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