Historias·Matanzas

El precio del tiempo y la vergüenza


Por solo cinco cuc...
Los coleros y revendedores de turnos, negociantes ilícitos que trafican con el tiempo y la desvergüenza, revolotean alrededor de tiendas, bancos, consultorías jurídicas, unidades de registro civil y otras instituciones que, por su morosidad en la atención o por la relevancia y urgencia de los trámites que realizan, dan sitio a estas ilegalidades. – See more at: http://www.giron.cu/es/noticia/sociedad/el-precio-del-tiempo-y-la-verg%C3%BCenza#sthash.D4DpzTmb.dpuf

 

 

A veces se te acerca como un viejito humilde, al que quieres ayudar sin saber que él pretende “ayudarte” a ti. También puede ser una mujer joven, un muchacho alto e intimidante o, incluso, una especie de cooperativa, pues trabajan en equipo para absolutizar su dominio.

Con el fin de romper el hielo, te preguntará si eres el último de la cola. Si niegas, entonces indagará qué número haces. Te sonreirá cómplice, asegurando que tiene en sus manos la solución a todos tus problemas. Por solo cinco CUC…

Los coleros y revendedores de turnos, negociantes ilícitos que trafican con el tiempo y la desvergüenza, revolotean alrededor de tiendas, bancos, consultorías jurídicas, unidades de registro civil y otras instituciones que, por su morosidad en la atención o por la relevancia y urgencia de los trámites que realizan, dan sitio a estas ilegalidades.

Ellos se levantan temprano, o ni siquiera duermen, para tener el “uno” en la espera, aunque, por supuesto, no se conforman y también abarcan el dos, el tres, el cuatro, dejan a algunos marcar y vuelven a tener el 10, el 11, el 12; cada lugar con su tarifa.

Libreta en mano, apuntan nombres y apellidos de los presentes, dejando espacio para sus futuros clientes. Luego, organizan la fila, ubicando a sus supuestos parientes –los mejores postores– mientras los administradores aguardan impávidos los resultados de la organización.

“Que se las arreglen como puedan, lo mío es de la puerta hacia adentro”, responden. ¿Será que la apatía esconde implicaciones fraudulentas? ¿Con qué moral se permite la impune expropiación de los derechos de la población?

Entre los perjudicados, algunos protestan, otros se conforman. En tanto, los “colados” ni se inmutan y, de a poco, se acostumbran a la vida fácil pero perecedera, pues navega a cuestas del desequilibrio entre demanda y oferta, el desorden y el irrespeto al prójimo.

Tampoco los implicados, figuras al margen de la ley, sienten culpas ni remordimientos. Parecen carecer de abuelos que compren el pan en la bodega o de madres que esperan la llegada de medicamentos en la farmacia. Simplemente, se autojustifican como facilitadores del éxito para los pudientes, despreciando a la clase trabajadora que madruga y mantiene la disciplina.    

Precisamente, la peor parte le toca al cubano que por dignidad o por carestía de bolsillo, prefiere no acceder al chantaje y esperar. Sin embargo, ¡qué gusto amargo deja escuchar un “hasta aquí atendemos hoy”, que cierren las puertas del establecimiento, o que se acabe el producto en sus narices porque un recién llegado se apropió del último!    

La decepción se torna disgusto, que luego deriva en inconformidad generalizada. ¿Por qué, si enarbolamos como consignas la transparencia y la justicia plenas, permitimos la burla, el engaño y la estafa entre nosotros mismos?     No solo falta la voluntad de los funcionarios –porque facultades tienen– para aplicar medidas de control. La ineficiencia, el desabastecimiento del mercado y la protección al consumidor son vetustos baches en las calles de nuestra economía, de solución más posible de lo que algunos pretextan.    

Por lo pronto, no alimente la cartera de los revendedores, ni permita que otros se beneficien de sus trampas. Con una palabra enérgica a favor de la consideración y la urbanidad, usted puede detener la desfachatez de los oportunistas. Intentemos cada día mejorar nuestra realidad.

 

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3 comentarios sobre “El precio del tiempo y la vergüenza

  1. Existe una tendencia de las entidades de “no tener que ver con la cola”, pero son esas propias entidades las que con su accionar lento (por razones objetivas o subjetivas) las que provocan las colas. Entonces cómo no van a tener que ver con un problema creado por ellas mismas.

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