Historias·Matanzas

Arroz en espera (+ fotos + video)


En congrí, acompañado con frijoles, como guarnición o en dulce, el arroz constituye elemento esencial en la dieta del cubano. Sin embargo, ante un plato, pocos se percatan del largo recorrido del grano desde el surco hasta la mesa, de los dedos del campesino al metal frío de las máquinas, de la carretera que lo acuna al Sol hasta el molino que lo desnuda.

La cosecha de este alimento, básico para más de la mitad de la población mundial, proporciona anualmente empleo al mayor sector rural de parte de Asia, y un gran porcentaje de África y América. Cuba no se encuentra muy alejada del panorama internacional, pues la Isla figura entre las mayores consumidoras del orbe, con un promedio de 70 kg por persona al año.

Durante el 2015, la campaña arrocera en el municipio de Pedro Betancourt ha encontrado ciertos escollos en las últimas etapas de su cadena productiva, que esta vez no solo vinieron de la naturaleza, sino también de la mano del hombre.

EL ARROZ NO ESPERA 

El cereal tiene un cronograma de cultivo y recogida, de incumplirse, la semilla cae a la tierra y brota una nueva planta; la anterior se pudre y se pierde la mayoría de la cosecha. De ahí que las complicaciones con las máquinas cosechadoras han ocasionado pérdidas irrecuperables en la actual zafra arrocera.

 

Cuando el arroz se acama y se desprenden las semillas en la tierra húmeda, nacen nuevas plantas que entorpecen el corte.
Cuando el arroz se acama y se desprenden las semillas en la tierra húmeda, nacen nuevas plantas que entorpecen el corte.

En la CCS Juan de Matas Reyes, el plan de primavera, previsto hasta el primero de enero, abarca mil 179 hectáreas (ha); de ellas se han cosechado 689.5 ha y restan por cortar 489.5 ha. En estos momentos, se encuentran en proceso de recogida 341.2 ha y están en situación crítica 148.3 ha.

Vladimir Hernández Fuentes, presidente de la cooperativa, explica la gravedad del contexto: “el arroz se está madurando muy rápido y ahora la excesiva lluvia también lo afecta. En Pedro Betancourt contamos con ocho cosechadoras: cuatro de la Empresa Agroindustrial de Granos de Matanzas (en Amarillas), dos de Camagüey y dos de Pinar del Río.

“Parecería suficiente en comparación con otras jornadas, pero la dificultad radica en la ausencia de piezas de repuesto. Las trilladoras se rompen mucho y se atrasa el corte de un mes para otro, acumulándose. El arroz no espera. Pronosticamos pérdidas de 130 a 140 toneladas”.

Así, el productor deviene la figura más afectada, pues de su bolsillo sale la inversión, el trabajo de la tierra y la responsabilidad de cumplir con el contrato, pero a él no regresará toda la recompensa merecida.

“Nosotros fuimos previsores y alertamos con meses de antelación la necesidad de garantizar las trilladoras a tiempo, e incluso de considerar la opción de trasladarlas desde otras provincias con menor demanda. A pesar del aviso, los equipos se trajeron hace apenas unos días, cuando el grano está fuera de los parámetros de corte”, advierte Miguel Carrazana Carrasco, productor y miembro de la junta directiva de la cooperativa.

“El campesino pone el arroz en óptimas condiciones para que el CAI arrocero garantice su maquinaria. Para ello, pagamos a través de la cooperativa 500 pesos por cada tolva, y aunque hayamos asumido la rotura de las piezas y nos haya costado, por ejemplo, 2 mil pesos, no nos descuentan esos gastos extras.

“¿Por qué el seguro no nos protege de los inconvenientes con la maquinaria, y no solamente por condiciones climatológicas y afectaciones por plagas? Además, si incumplimos con el CAI arrocero, este puede demandarnos por medio de la cooperativa, ¿nosotros no tendríamos igual derecho?”.

PARA COSECHAR ARROZ SE NECESITA…

José Raúl Pérez Piñeiro, director de la UEB Agroindustrial de Granos Camilo 2, reconoce que diversos factores han propiciado esta situación. “El pico de cosecha se debe a un mal trabajo de la forma productiva y de nosotros que lo permitimos. Si se hubiese preparado una siembra escalonada, no tendríamos ahora tantas dificultades para el corte”.

Sin embargo, algunos productores difieren del planteamiento, es el caso de Carlos Quintana Méndez, quien asegura haber sembrado desde el 27 de mayo y hace apenas unos días logró cortar las últimas tolvas que le faltaban, ya que su nombre no aparecía desde el primer momento en la lista conformada por la comisión.

Según Piñeiro para confeccionar dicho listado la UEB rectora del programa se reúne los martes y viernes a las tres de la tarde con un representante de cada forma productiva y algunos funcionarios del municipio. Esta comisión fue una idea que surgió desde el 2014 aunque algunos productores ponen en tela de juicio su efectividad.

“A veces participa el presidente de la forma productiva o manda a un designado que atiende el arroz en esa unidad. Preguntamos los casos críticos, pero reconozco que no debería funcionar así, sino mediante la programación del corte teniendo en cuenta la fecha de siembra y la variedad, hoy no podemos hacerlo de ese modo debido a las condiciones de humedad”, explica.

Mientras Luis Bello Sousa, asociado a la CCS Juan de Mata Reyes, señala: “No se le dio seriedad a esta campaña. Aunque existe una comisión falta el control sistemático, por lo que la producción peligra, e incluso surgen conflictos entre los propios campesinos que quieren salvar su cosecha”.

Otra consecuencia de cortar el arroz en estas condiciones es el mayor grado de impurezas, es decir, pedazos de tronco de la planta, fango y piedras que recoge la cuchilla de la trilladora al descender demasiado buscando la semilla que está acamada. No solo representa un descuento en el CAI al comprarlo, sino que repercute en la calidad final que llega a la mesa del consumidor.

Tras el paso de la trilladora por las plantas acostadas, queda casi la mitad de arroz sin cortar.

Tras el paso de la trilladora por las plantas acostadas, queda casi la mitad de arroz sin cortar.
Tras el paso de la trilladora por las plantas acostadas, queda casi la mitad de arroz sin cortar.

A todo esto se suma la existencia de un secadero de arroz a cuatro kilómetros que aun no funciona. Los campesinos, sin otra alternativa, se ven obligados a tirar el grano con cáscara en la carretera, a riesgo de la lluvia, porque el CAI no garantiza un  transporte para sacarlo diario del campo. Esto incrementa los gastos, pues se debe pagar a obreros y custodios para vigilarlo por la noche.

La realidad es que el secadero lleva cinco años en proceso. De acuerdo con Pérez Piñeiro, en sus inicios se montó con una tecnología de donación y al parecer no estudiaron bien los planos técnicos, pues cuando la obra estaba avanzada descubrieron que procesaba solo 320 quintales en 24 horas.

 “Luego, según he escuchado, pues yo no estaba al frente del proyecto, decidieron trasladarlo a la Isla de la Juventud. Sin embargo, hace alrededor de siete u ocho meses se volvió a retomar la obra, pero si bien hemos realizado un grupo de  acciones, se encuentra paralizada por la falta de un nivel grande de tornillos”,  declara José Raúl Pérez.

Sin secadero, los campesinos dependen de la carretera y el clima para culminar el proceso productivo.
Sin secadero, los campesinos dependen de la carretera y el clima para culminar el proceso productivo.

Y EL PUNTO FINAL ¿QUIÉN LO PONE?

Esfuerzo, entrega y demasiado compromiso implica la labor de cosechar el arroz, faena que además de todos estos elementos propios de la voluntad de quienes a diario derrochan sudor en el surco por lograr la productividad, requiere también de las herramientas y maquinarias necesarias para que el cereal cumpla correctamente su ciclo.

Hoy, amén de las limitaciones materiales que posee el país, se hace necesario escuchar más los criterios de los involucrados en los procesos, que a fin de cuentas, son quienes cultivan la tierra y uno de los eslabones afectados.

Se impone, de igual forma, ser más ágiles en el desarrollo de las acciones que conlleven a solucionar trabas que tributen a la calidad y efectividad de las cosechas destinadas a poner en el plato de los matanceros el preciado grano.

Por: Katherine Subiaut Azcanio, Lianet Fundora Armas, Jeidi Suárez García y Jessica Acevedo Alfonso

Fotos: Katherine Subiaut Azcanio

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