Cultura·Matanzas

La ética de Maykel Yunior ¿de Latidos compartidos u otro planeta?


 

En la emisión estelar del Noticiero Nacional de Televisión correspondiente al pasado 19 de enero un periodista elaboró una información en la que usó imágenes de la telenovela cubana de turno y entrevistó a varios abogados asociados a Bufetes Colectivos de la Capital, teniendo como centro del debate la ética de la profesión. Se atacaba la pintura de Maykel Yunior, el abogado de Latidos compartidos, nominándola como anacrónica, irreal y fuera de contexto. Realmente, el personaje de la telenovela recrea una persona real de nuestro entorno. Negar su existencia no hace que no existan.

 Latidos Compartidos, telenovela cubana en este 2016

Latidos Compartidos, telenovela cubana en este 2016

No se cuestiona la ética de los compañeros abogados que defendieron su criterio y su honestidad al hablar en el Noticiero, días atrás. Pero el que ellos asuman el credo de la ética en la defensa de la transparencia y pureza de su profesión no implica que existan profesionales de su ramo, que habiendo firmado en alguna ocasión el Código de Ética, en su actuar no lo observen rigurosamente. En la Cuba de hoy muchos abogados entienden la ética de su profesión de forma particular, sobre todo al colaborar con personas sin ética, o que no creen en la ética en un mundo como el de hoy. Su idea de la ética es, en esos momentos, hacer lo que uno piensa que está bien para esa persona. Una ética que se basa en el entendimiento de que se es abogado porque se cree con posibilidades de defender a esas personas, de ayudarlas a comprender las leyes, a desenvolverse libremente a pesar de ellas, haciéndoles ver que, aún cuando existen, no son frenos, o por lo menos, no  sólo son frenos que pone el hombre a la actividad plena del hombre. Una ética que entiende el Derecho, la abogacía como un mecanismo de liberación del hombre ante las leyes de la sociedad y no justamente como un grupo de medidas creadas por un poder siempre presente para controlar diversos aspectos de la vida de ese hombre. Es decir, son los trucos que se hacen para hacer legal algo ilegal.

En Derecho, más que en ningún otro campo, se aplica la famosa ley de causa/efecto. Todo tiene una causa y un efecto: hasta los trucos legales, que al final no son sino una forma de encauzar un problema por los caminos de las leyes. El abogado verdadero es aquel que burla la ley más veces utilizando las armas del manejo de la mentira, el doble sentido, los niveles de profundidad legal de los problemas, la incisión de los conflictos que por sí mismos son hechos delictivos en la conciencia social. Un abogado es a la sociedad lo que un mago es a un circo: la parte que transforma lo sucio en algo bello, válido, limpio.

Cuando alguien viene para que se le arregle los papeles de una casa que es ilegal, para que se le agilice un divorcio o le haga un testamento o se le case a la carrera con un extranjero o extranjera, o se le invente títulos que no tiene, ese abogado piensa que se le está resolviendo ese problema, que es exclusivamente cuestión de su pericia darle solución. Él o ella nunca deberán saber qué artimañas legales se utilizaron para resolver su problema. Sólo ha de saber que se le resolvió y cuáles son los resultados.

Hay otros que justifican su proceder en autoproclamarse émulos de Robin Hood, pues proporcionan a sus clientes un balance o equilibrio entre ellos y el estado. El que inventó la ley, creó la trampa, dice un viejo refrán. Uno de los problemas que la legislación en Cuba no ha resuelto es la compatibilidad que debe existir entre el interés social y el interés privado. Ejemplos clásicos, como el tema de la vivienda: si construyes una vivienda, compras los materiales con tu esfuerzo y dinero y la pagas al Estado, ¿por qué no puedes venderla al que mejor precio te de cuando no la necesites? He ahí una contradicción.

Contradicción que muchos no entienden porque los hechos son tozudos y demuestran cierto grado de falta de ética en la negociación: Curiosamente, todos los que comercializan viviendas declaran el mismo precio, el máximo legal permitido y abonan los correspondientes impuestos, sin embargo, todos conocemos que el valor de compraventa real ha sido muchísimo mayor. He ahí otra contradicción. Si existiera un mecanismo en el cual se aplicara una adecuada política de precios que favoreciera tanto al vendedor como al futuro comprador, la gente no tuviera la necesidad de vender con un precio legal y otro por vías ilegales. No hablemos de los precios astronómicos de los automóviles de primera mano, que ha estimulado, diversificado y encarecido el mercado de los autos de segunda, tercera y contemporáneos del Jurásico. Parafrasean otro viejo refrán: quien se defiende de un fraude con un fraude, tiene mil años de perdón.

Por: Ing. Juan Carlos Subiaut Suárez

Esp. Energético

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