Cultura·Matanzas

Locura en Matanzas: en el mundo al revés, del asfalto a los adoquines


En este post les voy a hablar de la locura. Pero no, lectores, no se trata de carnavales ni fiestas públicas, ni siquiera voy a referirme a los sin casa que se han multiplicado en la ciudad de Matanzas, Cuba, algunos con mejor aspecto, otros apestando a alcohol, alguna loca que se desnuda ante extraños sin pudor para esconder su manía de hurtar lo ajeno, o aquel que pide reiteradamente un peso, que ya no es de la moneda nacional, sino del “duro”.

En realidad, la locura es un poco parecida a la misma que hemos visto año tras año entre las decisiones gubernamentales y legislativas que acompañan la vida del cubano.

Esta vez, fuentes interesadas me han confirmado el propósito de instalar un bulevar en la ciudad de Matanzas, específicamente en la calle de Medio, a pesar de que durante años se han enfrentado gobierno, historia y pueblo en este aspecto:

La urbanística y el tráfico de la urbe explican desde la ciencia que el trazado de la ciudad y la designación de las calles impedía que Matanzas, como una de las primeras ciudades modernas de América, renunciara a una de sus calles principales (la calle de Medio) para convertirla en paseo peatonal.

Sin embargo, la tradición convirtió a esta arteria en prácticamente la única calle comercial de la ciudad, por lo que la fuerza de costumbre de los compradores de abarrotar la acera y deambular por la calzada dificultaba el tránsito de los vehículos.

Además, el cariño de la gente a la calle de Medio, una de las primeras en ser dibujadas en el primigenio trazado de las manzanas de la ciudad, le impulsaba a rogar a las autoridades que se convirtiera en bulevar, aspirando al éxito que este tipo de vía ha alcanzado en ciudades más antiguas de Cuba. Las comparaciones eran inevitables.

La oficina de patrimonio local ofrecía como solución habilitar un paseo fluvial, a lo largo del río San Juan, que ocuparía la calle de Río, la paralela siguiente a la calle de Medio. Un par de años atrás, se aprobó el proyecto de un joven arquitecto y se inició la construcción de la obra, que, dicho sea de paso, aún está como el primer día.

En el recién finalizado verano, se decidió cerrar la calle de Medio, al menos las primeras cuadras, al tráfico vehicular, permitiendo que los cuentapropistas y algunas tiendas de la cadena Cimex organizaran quioscos en plena calle. Sería una prueba que se ha mantenido hasta hoy.

En este punto quiero detenerme un rato, para explicar las sonrisas y los disgustos que ha generado este cambio.

La verdad, el tráfico en la calle de Contreras –la siguiente con similar sentido de tránsito- ha aumentado con el cierre de Medio, pero hasta hoy no he escuchado de ningún embotellamiento significativo, así que, en ese aspecto, todo 10.

No obstante, los vecinos de Medio –sobre todo la primera cuadra, que conserva sus quioscos callejeros como el primer día- se han visto impedido de introducir sus propios autos en la calle, y tienen que alquilar garajes en otras direcciones, ocasionando gastos extras. Quizás se pudiera considerar un parqueo para estos ciudadanos… por aquí, más o menos, un 6.

Ahora, los cuentapropistas. Aunque el estado cubano prohíbe utilizar la palabra negocio para referirse a los locales de los trabajadores de esta modalidad, a mí me encanta, porque me suena a emprendedor, a entusiasmo, a esfuerzo propio. Muchos de los… llamémosles “trabajadores no estatales”, sienten que el cierre de la calle ha alejado a sus clientes. No es falso; si se animara la calle con música, artistas, decoración, sería distinto. Daría gusto “ir a pasear a la calle de Medio”. En cuanto a esto, vamos a darle un 2.

Llegué a la parte que estaban esperando: la catástrofe. Desde hace días observo a topógrafos y profesionales de diferentes ramas realizar mediciones con sus curiosos equipos. Ya me habían llegado rumores de planes locos, pero había confiado un poco más en la cordura de quienes llevan las riendas de mi ciudad.

Pero hoy me animé a preguntarle a uno de ellos, y me contestó con el mismo gesto de hombros encogidos con que yo escuché su respuesta: vamos a levantar el asfalto hasta llegar a los adoquines.

¡Qué! La ciudad de Matanzas, en lo más histórico de su casco, conserva las piedras con que se adoquinaron sus caminos. La calle de Medio no es ajena a este recuerdo, que asoma por debajo del concreto con que se ha tapizado para la comodidad vehicular.

Mas ese recuerdo está en el mejor lugar: inamovible. Rescatar esas piedras significa un largo y tortuoso trabajo, por cuanto el asfalto no se levanta como una alfombra. Se quiebra, se adhiere a las piedras…

No solo habrá que romperlo para retirarlo; será necesario limpiar cada adoquín para recoger los restos de la mezcla de varias decenas de años, habrá que buscar la inclinación de la calle y cuidar los desagües para evitar tupiciones o inundaciones por lluvia durante el proceso de rotura…

Durante el tiempo que dure esta hazaña, flotará una nube de polvo en el camino, el ruido no dejará descansar a nuestros oídos… Y lo que más temo, cuando cambie la dirigencia del gobierno, el partido, o alguien vaya al… -ustedes saben- se mandará a asfaltar de nuevo.

En esta locura, nadie me preguntó. ¿A ti sí?

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