Historias

Serie CURVAS PELIGROSAS (Capítulo I)


Capítulo I

“Y ahora una triste noticia para los seguidores de un exitoso reality show que a todos nos ha cautivado el corazón – la locutora forzó sus facciones hacia la tristeza, como si le importara –. Sí, amigos, el protagonista de Millonario busca hija, el concurso que transmite nuestra casa productora, acaba de fallecer en su habitación privada del hospital, tras una semana en estado crítico.”

El teleprompter marcó (imagen/audio) y la presentadora respiró profundo. Varias veces le había insistido al guionista que no redactara párrafos tan largos… la hacían quedar en ridículo. Y tampoco entendía por qué insistían en la historia de aquel señor, que solo era famoso por prestarse para una farsa televisiva. ¡Si ella misma hubiese sido periodista! De seguro, el noticiario traería investigaciones, reportajes, crónicas…

La seña del coordinador le devolvió la alerta. “Nuestro colectivo se suma a las condolencias de los familiares y, por supuesto, de las candidatas que aspiraban a su amor.” Las letras en la pantallita le indicaban que hiciera algún comentario vago sobre el accidente. Esta era su oportunidad.

“Realmente trágico. Incluso, sospechoso. Sus allegados afirman que don Esteban nunca bebía, no se medicaba con ningún estupefaciente y mucho menos consumía sustancias químicas. Prescindía de chofer porque manejaba excelentemente, desde la adolescencia. No tenía en su aval ni siquiera una multa por mal parqueo.

“Además, el coche que conducía la noche de la catástrofe, era uno de los últimos modelos en su marca, confeccionado a su gusto por encargo, y equipado con excelente tecnología de respuesta antichoque. Él mismo lo revisaba meticulosamente, y no dudaremos de las habilidades técnicas del ‘rey de las cuatro ruedas’, que recordemos que fundó su imperio sobre sus innovaciones en la mecánica automotriz.

“Por tanto, no es extraño que circulen rumores acerca de atentados, secuestros fallidos y amenazas llevadas al extremo. Aunque su equipo de seguridad personal protegía su casa, familia y bienes, las propias circunstancias de convertir el hogar en un estudio gigante de televisión trajo consecuencias.

“La entrada de decenas de personas del colectivo de trabajo: jefes, técnicos, fotógrafos, maquillistas, vestuaristas, etcétera, más los curiosos que merodeaban los jardines, abría la brecha para la introducción de cualquier asesino. Tan solo llegar al garaje, trocear algún cable, o…”

Se dio cuenta de que el micrófono no estaba grabando.

El director, en cuanto imaginó que la culpa caería de forma indirecta en la productora, sintió temblar su salario y mandó a su subordinado a transmitir el próximo titular. Luego, deportes, meteorología, culturales y a rodar despedida. Espiró aliviado. Todo iría bien. ¿Para qué se habrá hecho la valiente? Ella no saldría más en cámara, ni en ese canal ni en ningún otro. Darían una justificación entusiasta a su ausencia, pondrían otra cara bonita en su lugar, y pronto todo el país la olvidaría. No como a don Esteban.

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