Historias

Serie Curvas Peligrosas (Capítulo VII)


Capítulo VII

Muchas mujeres en una sola habitación nunca ha sido buena idea. Si las damas de la corte medieval conspiraban para deponer reinas, las de este siglo serían capaces de colonizar Marte. Aunque, quizás, no particularmente estas chicas.

No. Ellas no estaban reunidas allí para cronometrar sus ciclos menstruales. Su propia presencia implicaba la más feroz rivalidad, enmascarada a duras penas tras cortesías y palabras simpáticas.

Las niñas parecían las más recelosas. Las hijas mayores observaban en derredor con discreción, pero las más pequeñas se escondían tras las madres, alzando el rostro para admirar despavoridas las torres de hierro coronadas con luces y las enormes cámaras de televisión.

A muchas, las mamás le habían hecho aprenderse tristes relatos de infancias miserables y sin padre; otras, escondían sus propias historias grises. La curiosidad por los lentes tornasoles no sobreponía la vergüenza de escuchar su propia voz resonando en los micrófonos. La primera etapa del casting, por lo menos, amenazaba con extenderse fuera del plan de producción.

Las candidatas al corazón millonario sentían toda la responsabilidad y nerviosismo que pesan sobre una mujer cuando necesita conquistar a un hombre. Las maquillistas corrían de una silla a otra, a solicitud de los coordinadores, mientras los guionistas cuchicheaban sus ideas desde las gradas del público.

Se rumoreaba que don Esteban observaría las grabaciones de cada día, y su opinión sobre las concursantes sería determinante para la primera eliminación. Las más experimentadas en reality shows, entendían que la selección dependía solo del rostro más fotogénico, del carácter más llamativo, en fin, de aquellas que ofrecieran más “jugo” para llenar las escenas; pero la mayoría solo anhelaba lucir sexy, seductora y, sobre todo, delgada ante el ojo traidor de las filmadoras.

Los suministros de pañuelillos se agotaron. Casi todas lograron echar sus lagrimitas, cuando les preguntaban acerca del amor. Pocas creían haber sido feliz alguna vez, y a ninguna parecía interesarle los millones de don Esteban, sino su más puro afecto.

Varias jornadas y terabytes de video después, los directores informaron a las cuatro finalistas en mails privados. Los resultados no podrían salir a la luz hasta culminar el entero proceso de grabación, así que debían evitar el contacto entre ellas fuera de los estudios. Nada demasiado exigente para cuatro mujeres y cuatro niñas que, de otro modo, jamás hubieran cruzado sus caminos.

 

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