Historias de ciudad


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De siete islas a una: emigración y trascendencia de la cultura canaria en Cuba.     

El pueblo cubano es, al decir de Don Fernando Ortiz, un ajiaco. Su raíz étnica solo puede entenderse analizando las distintas olas de migraciones que llegaron a suelo cubano y que aquí se “aplatanaron”. La presencia hispana es notable, compuesta por gallegos, extremeños, asturianos y canarios, estos últimos uno de los grupos que más personas aportó, sobre todo de 1880 a 1930, período conocido como emigración en masas.

Para entender las razones de la emigración canaria a Cuba, y en particular a Matanzas, debemos analizar la historia de ambos pueblos. La conquista y colonización de las Canarias centrales corre paralela al descubrimiento de América. La colonización de las Antillas convirtió a las Canarias en un escenario privilegiado, en un laboratorio experimental. Plantas asiáticas como la caña de azúcar y la platanera desde ellas serían llevadas a Indias. Además,  por su posición y la acción de los vientos alisios era la ruta obligatoria para el Nuevo Continente.

Asimismo, los canarios participarían en la conquista como expertos guías. Entre 1492 y 1506 al menos 12 de las mayores expediciones hacen escala en La Gomera o Tenerife. Las Canarias tienen además el privilegio de comerciar con Indias desde los comienzos de la colonización del Nuevo Mundo. Una Real Orden de 1511 especifica que los canarios parten simplemente con la autorización del capitán del navío. De esa forma, canarios o residentes en Canarias se convierten en parte de las expediciones de conquista y colonización.

escudo de Islas Canarias
escudo de Islas Canarias

Aunque no podemos hablar de emigración canaria en sentido estricto, sí es una base para el traslado al Nuevo Mundo sin los severos controles del monopolio sevillano. En el siglo XVI Santo Domingo primero y La Habana después son los principales destinos canarios.

Las condiciones de emigración del común de los españoles fueron muy diferentes de las de los canarios. Tras “pacificar” las islas, y en prevención de posibles rebeldías, los Reyes Católicos ordenaron el traslado de grupos de población nativa guanche a las nuevas colonias de América. En lugar de llegar como colonos o soldados, los isleños lo hicieron como mano de obra para las plantaciones de caña de azúcar. Estaban estimulados por la crisis económica en Canarias y las facilidades para emigrar a Cuba que concedieron los monarcas españoles en la Real Cédula de 1688.

La emigración canaria se difunde desde el último tercio del siglo XVII en la provincia de La Habana y en menor medida en la región central de la isla. Gracias al tabaco, transforman la economía insular y marcan el comienzo de una etapa de crecimiento económico. En 1693 con 30 familias canarias nació Matanzas.

La Historia de Cuba recoge en sus páginas a los canarios en la fundación de otras ciudades: Pinar del Río (Vuelta Abajo), Santiago de las Vegas, Sagua la Grande, Villa Clara, San Carlos de Nuevitas, Camagüey y Manzanillo, este en el sur de la oriental Granma.

Los canarios no se dedicaron exclusivamente al cultivo del tabaco, sino que explotaron pequeños huertos para abastecer de maloja (alimento para el ganado) o de vegetales. Un volumen significativo del pequeño comercio estaba en sus manos.

Entre 1830 y 1850 se incrementó el flujo migratorio de isleños, que algunos investigadores han asociado al nacimiento y auge del ferrocarril en Cuba. En la construcción de mismo participaron más de 900 canarios.

En 1846 los 117, 466 habitantes de Cuba nacidos en la península representaban el 13,07% del total de la población de la Isla, que era entonces de 898,742. Los canarios constituían el 6% de esa cifra, unos 53, 825.

En el marco de la Guerra de los Diez Años (1868-1878), la emigración canaria era considerada por los autonomistas y separatistas cubanos como diferenciada de la peninsular, lo que llevó a potenciarla. La comunidad canaria se organizó en la Asociación Canaria de Beneficencia y Protección Agrícola en 1872, para ofrecer protección a sus miembros.

La participación de los canarios en las guerras de independencia, sobre todo en la de 1895, fue notoria al punto de que representaron el 41% de los hispanos que pelearon al lado los cubanos.

Tras la independencia y la reactivación económica que le siguió con la inversión de capitales norteamericanos, la emigración canaria brindó a la isla campesinos experimentados. El 11 de noviembre de 1906, se fundó en la capital cubana la Asociación Canaria, con la finalidad de contribuir a la asistencia sanitaria, instrucción, recreo y auxilio de sus socios.

La emigración se intensificó a partir de 1910, y especialmente entre 1915-20 por las graves consecuencias de la Primera Guerra Mundial. El bienestar económico cubano llega a su cenit por esos años. Si Cuba fue el principal destino canario, esta realidad adquiere más fuerza cuando apreciamos las proporciones. En el bienio 1913-1914 Cuba acogía entre el 84,9 y el 87,3 por 100 de los emigrantes salidos por el puerto de Las Palmas, entre el 87 y el 87,2 por 100 de los que parten de Tenerife y entre el 99,2 y el 99,9 de los que embarcan en Santa Cruz de La Palma. De los 4.677 pasajeros considerados como emigrantes que parten en 1914 de Canarias, un 40,5 por 100 lo hacen del puerto de Tenerife, un 31,6 por 100 de Las Palmas y un 27,9 de La Palma.  Pero en 1921 se originó un impresionante derrumbe; el crac del 29 trajo consigo el hundimiento definitivo de la migración.

Un 30% de la emigración se quedó definitivamente en la isla, mientras que el resto retornó. Los que se quedaban en su mayoría eran cultivadores de tabaco o colonos cañeros que traían a sus familias o se casaban con hijas de canarios. Con sus ahorros en épocas de bonanza compraban propiedades, asentándose definitivamente en ellas. La deserción del servicio militar, sobre todo en los momentos álgidos de la Guerra de Marruecos, fue también otro de sus alicientes.

Uno de sus rasgos característicos fue el asociacionismo canario, creando delegaciones de la Asociación canaria por toda la isla. Dieron pie a centros sanitarios y a un importante movimiento periodístico. Entre 1864 y 1932 existieron en Cuba 17 publicaciones realizadas por canarios, iniciadas por “El Mencey” hasta “Tierra Canaria”. En los 20 se creó el Partido Nacionalista Canario y su órgano de expresión “El Guanche”.

El 16 de junio 1992 se fundó la Asociación Canaria de Cuba Leonor Pérez Cabrera, heredera de las mejores tradiciones de sus antecesoras y representante de la comunidad canaria de Cuba. En la actualidad agrupa a más de 40 mil nativos y descendientes, organizados en más de cien órganos de base, distribuidos por todo el país y que tiene en la región central la zona de mayor representatividad.

Una de las ciudades más importantes de la Mayor de las Antillas fue fundada por isleños: San Carlos y San Severino de Matanzas, el 12 de octubre de 1693. Desde 1582, una Real Cédula había confirmado las propuestas de crear una ciudad con su plaza fortificada, añadiendo el traslado a esta región de familias canarias que constituirían el núcleo humano fundacional.

Se creó junto a la bahía con 30 familias canarias y se erigió un castillo –el Castillo de San Severino- que protegería a la población de los ataques filibusteros y daría empleo a los pobladores. El 18 del propio mes de octubre se hizo el reparto de solares a estas familias, que posteriormente recibirían tierras de labranzas. Dos años después comenzó a funcionar el cabildo.

Estas familias llegaron a Cuba con la esperanza puesta en el futuro. La travesía de los barcos migratorios estaba llena de penalidades, a pesar de las inspecciones por parte de las autoridades de Marina e Inmigración españolas. Se embarcaban más pasajeros de los que debían, o se llevaba un número insuficiente de chalecos salvavidas, e incluso se separaban familias o iban los hombres por un lado y las mujeres y los niños por otro. Además, sufrían incomodidades, falta de higiene, hacinamiento, suciedad, parásitos en las literas, frío o calor, hambre y hasta era normal la escasez de agua potable a bordo.

La Corona española había prometido a los futuros habitantes la propiedad de la tierra donde se asentasen, a cambio de desecar la ciénaga que por entonces conformaba el territorio de la ciudad de Matanzas. Para campesinos dedicados a la labranza y cría de ganado, era una oportunidad nada despreciable de mejorar la condición económica y proveer a sus hijos de un mañana más exitoso.

En otras comarcas cercanas como Yumurí, Corral Nuevo, San Agustín, Las Cidras y Limones, la fuerza de trabajo provino de las siete islas. Campesinos azotados por la crisis económica de su patria encuentran en nuestra provincia trabajo en las plantaciones azucareras e incluso algunos se convierten en  propietarios de pequeñas vegas.

Matanzas, puerto importante en el comercio canario-americano, en la segunda mitad del siglo XVIII continúa siendo una región escasamente poblada. Los isleños y sus descendientes se dedicaban al cultivo del tabaco, que fue desplazado en el XIX por el auge azucarero. Los vegueros tuvieron que vender sus propiedades. La caña de azúcar y la esclavitud se fueron progresivamente generalizando, favorecidas por la habilitación del puerto en 1793 y por la expansión del ferrocarril en las décadas centrales del XIX.

El desplazamiento de las producciones azucareras hacia la llanura matancera a partir de 1800 favoreció el traslado de los descendientes de canarios y de los nuevos emigrados hacia el interior de la provincia, con la consiguiente propagación de la semilla cultural isleña por toda Matanzas.

Asimismo, los canarios contribuyeron a la animación de la vida artística y literaria de Matanzas, especialmente a mediados del siglo XIX, momento en que la urbe adquiere el sobrenombre de “Atenas de Cuba”. Descendientes directos de canarios formaron parte del colectivo de redacción del periódico “La Aurora”, conformaron la Diputación Patriótica de Matanzas y crearon la Biblioteca Pública.

En el siglo XX la emigración de canarios hacia nuestra provincia decrece significativamente, siendo las ciudades preferidas La Habana y Cabaiguán. Sin embargo, las raíces canarias ya se habían insertado en el tronco regional.

A la influencia canaria en Matanzas se debe la pronunciación peculiar del castellano; la preferencia por formas poéticas como la décima campesina; la improvisación, el punto guajiro o “repentismo”; las fiestas campesinas o guateques y las famosas parrandas o Charangas.

También las supersticiones canarias persisten en los campos cubanos, pues recordemos que el campesinado es de base canaria, debido a que la mayoría de los hombres procedentes de dichas islas se aplatanaron en las regiones rurales de Cuba.

Así, por ejemplo, se conservan varias creencias en materia de embarazo. El vientre grande y  prominente anuncia  el nacimiento de un varón, mientras que el pequeño y redondo vaticina una hembra. Igualmente cuando la mujer dice sentir un leve movimiento en el bajo vientre durante los primeros meses de gestación, las creencias populares auguran hembra y  cuando los movimientos se efectúan del quinto al cuarto mes consideran que vendrá varón. Si en el momento de nacer la cabeza de la criatura está cubierta por la membrana amniótica, se estima que tendrá bienestar y suerte durante toda su vida.

Recordar las raíces canarias del pueblo matancero es un honor y un deber, y en este aspecto el protagonismo lo tiene la sede provincial de la Asociación Canaria de Cuba Leonor Pérez.

Desde su creación oficial en 1992, aglutina a descendientes canarios hasta la tercera generación. Su Presidenta actual es Auria Cruz, pero merece destacar la labor consagrada de Higinio Espino, el más querido de sus presidentes.

Cada mes los integrantes se reúnen –a pesar de que en los dos últimos años los encuentros son bimensuales- para conversar sobre la tierra canaria y sus costumbres. Las sesiones comienzan con la entonación del Himno de Islas Canarias y culminan con un modesto brindis, preparado gracias al esfuerzo conjunto de los participantes y la cotización de la Asociación, que consiste en un peso en moneda nacional mensualmente. Ondean las banderas de Cuba, España e Islas Canarias, pero la organización no tiene un carácter político, sino eminentemente social.

“Himno de Canarias”

Soy la sombra de un almendro,

Soy volcán, salitre y lava.

Repartido en siete peñas

Late el pulso de mi alma.

Soy la historia y el futuro,

Corazón que alumbra el alba

De unas islas que amanecen

Navegando la esperanza.

Luchadoras en nobleza

Bregan el terreno limpio

De la libertad.

Esta es la tierra amada:

Mis Islas Canarias.

Como un solo ser

Juntas soñarán

Un rumor de paz

Sobre el ancho mar.

Este año 2012 arriba a su 20 aniversario. En la ciudad cuenta con más de 400 integrantes. También otros municipios, como Colón y Perico, mantienen una sede de la Asociación, con una relativa independencia respecto a la sede central matancera.

Los descendientes canarios se sienten motivados a conocer las raíces de sus ancestros. Tanto es así, que el Archivo Histórico Provincial de Matanzas está hermanado con el Archivo de Las Palmas de Gran Canaria, con el objetivo de estudiar la presencia canaria en Matanzas. Asimismo,  el Gobierno de Gran Canaria donó al archivo yumurino el quitamiento necesario para poder digitalizar todos los documentos, como por ejemplo, partidas de nacimiento, actas de matrimonio, actas de viaje, entre otros. El Proyecto ADAI (Ayuda a los Archivos de Iberoamérica), ha propiciado la adquisición de todo el equipamiento.

Sin lugar a dudas, la presencia canaria en Cuba y específicamente en Matanzas, permanece vigente en las tradiciones y en el respeto del pueblo en general hacia una cultura que vino a integrarse al “ajiaco” cubano. Desde las siete islas hasta la isla Mayor de las Antillas, el suyo es un aporte innegable a nuestra etnia.

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